dilluns, 17 de juliol del 2017

DURANTE SU REINADO GOBERNÓ CASI TODO EL PLANETA


Victoria del Reino Unido (Londres, 24 de mayo de 1819-isla de Wight, 22 de enero de 1901) fue monarca británica desde la muerte de su tío paterno, Guillermo IV, el 20 de junio de 1837, hasta su fallecimiento el 22 de enero de 1901, mientras que como emperatriz de la India fue la primera en ostentar el título desde el 1 de enero de 1877 hasta su deceso.
Victoria era hija del príncipe Eduardo, duque de Kent y de Strathearn, cuarto hijo del rey Jorge III. Tanto el duque como el rey murieron en 1820, lo que provocó que Victoria fuera criada bajo la supervisión de su madre, la princesa alemana Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. Heredó el trono a los dieciocho años, tras la muerte sin descendencia legítima de tres tíos paternos. El Reino Unido era ya en aquella época una monarquía constitucional establecida, en la que el soberano tenía relativamente pocos poderes políticos directos. En privado, Victoria intentó influir en el gobierno y en el nombramiento de ministros. En público, se convirtió en un icono nacional y en la figura que encarnaba el modelo de valores férreos y de moral personal típico de la época.
Se casó con su primo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1840. Sus nueve hijos y veintiséis de sus cuarenta y dos nietos se casaron con otros miembros de la realeza o de la nobleza de Europa, uniendo a estas entre sí. Esto le valió el apodo de «abuela de Europa». Tras la muerte de Alberto en 1861, Victoria comenzó un luto riguroso durante el cual evitó aparecer en público. Como resultado de su aislamiento, el republicanismo ganó fuerza durante algún tiempo, pero en la segunda mitad de su reinado, su popularidad volvió a aumentar. Sus jubileos de oro y de diamante fueron muy celebrados.
Su reinado de 63 años, 7 meses y 2 días es el segundo más largo de la historia del Reino Unido, solo superado por el de su tataranieta Isabel II, y se le conoce como época victoriana. Fue un periodo de cambio industrial, cultural, político, científico y militar en el Reino Unido y estuvo marcado por la expansión del Imperio británico. Victoria fue la última monarca de la casa de Hannover. Su hijo y sucesor, Eduardo VII, pertenecía a la nueva casa de Sajonia-Coburgo-Gotha.


Antecedentes

Princesa Carlota Augusta de Gales.
En 1817 la princesa Carlota Augusta de Gales murió dando a luz a un hijo que nació muerto, provocando una crisis sucesoria en el Reino Unido.​ Carlota era la única hija del príncipe regente (el futuro Jorge IV, hijo mayor de Jorge III del Reino Unido, que actuaba como regente debido a la enfermedad de su padre) y de su esposa «repudiada» Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel. El nacimiento fue visto como algo milagroso, ya que los padres alegaban no haber mantenido más de tres relaciones sexuales durante el matrimonio, por lo que el nacimiento de otro hijo del príncipe Jorge sería, como mínimo, improbable.
La línea de sucesión al trono británico se extinguió rápidamente: Jorge III tenía doce hijos, pero ningún nieto legítimo que pudiera heredar la corona. Sus cinco hijas estaban solteras o eran estériles y ninguno de sus hijos estaba casado, a excepción del segundo, Federico, que tampoco tenía hijos.​Esto provocó una «carrera» por casarse por parte de los príncipes solteros.​ Su tercer hijo, Guillermo, se casó con la princesa Adelaida de Sajonia-Meiningen, de cuyo matrimonio nacieron dos hijas: Carlota (1819) e Isabel (1820), ambas muertas antes de cumplir dos años, y varios abortos espontáneos, el último de gemelos en 1821, por lo cual era probable que no tendrían más hijos.​
El cuarto hijo de Jorge III, Eduardo, se casó con Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, viuda del duque de Leiningen —con el que había tenido dos hijos, Carlos y Feodora—, y hermana del viudo de Carlota, Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha. De este casamiento nació en 1819 una hija llamada Alejandrina Victoria. Tras las muertes sucesivas de las primas y del padre unos meses después y, ya en 1830, de Jorge IV, Victoria se convirtió en la heredera presunta al trono británico. 


Nacimiento y familia

Pintura de la princesa Victoria a la edad de cuatro años, por Stephen Poyntz Denning.
El padre de Victoria, el príncipe Eduardo, se casó con la princesa Victoria el 30 de mayo de 1818 en el palacio de Ehrenburg en Coburgo. Para que no hubiera dudas sobre la validez del matrimonio, se realizó una segunda ceremonia en Inglaterra, en el palacio de Kew, el 11 de junio de ese mismo año, el mismo día que el hermano mayor del príncipe, el también príncipe Guillermo, se casó con la princesa Adelaida de Sajonia-Meiningen.​
El padre de la futura reina tenía bastantes deudas antes del matrimonio, pero su situación económica empezó a agravarse aún más: como Eduardo no estaba de acuerdo con las posturas políticas de su hermano, el príncipe regente, este se negó a ayudarlo y, por eso, los padres de Victoria tuvieron que irse de Inglaterra y empezaron a vivir en Alemania.​ Pocas semanas después, Victoria supo que estaba embarazada y el duque se dio cuenta de la importancia que tenía el hecho de que el niño naciera en Inglaterra. Por eso, con la ayuda de algunos amigos, consiguió reunir el dinero suficiente para el viaje cuando la duquesa estaba embarazada de siete meses. Llegaron a su destino el 24 de abril de 1819 y se instalaron en el palacio de Kensington.​ Allí nació la futura reina Victoria justo un mes después, el 24 de mayo a las 4:15.
Victoria fue bautizada en la Sala de la Cúpula del palacio de Kensington el 24 de junio del mismo año por Charles Manners-Sutton, arzobispo de Canterbury. Sus padrinos fueron el zar Alejandro I de Rusia —representado en la ceremonia por su tío, Federico de York—; su tío Jorge, futuro Jorge IV; su tía, Carlota de Gran Bretaña —representada por la princesa Augusta Sofía del Reino Unido— y la abuela materna de Victoria, la duquesa Augusta —representada por la princesa María—. Sus padres quisieron llamarla Victoria Georgina Alejandrina Carlota Augusta, pero el príncipe regente —y hermano mayor del duque— insistió en que tres de los nombres desaparecieran. Acabó siendo bautizada únicamente como Alejandrina Victoria, en honor al zar Alejandro I y a su madre.
Victoria se encontraba en el quinto lugar en la línea de sucesión, después de su padre y de los tres hermanos mayores de este.​ El príncipe regente estaba separado de su mujer, y la esposa del duque de York, la princesa Federica Carlota de Prusia, tenía 52 años, por lo que no había muchas posibilidades de que los dos hijos mayores tuvieran herederos. Las dos hijas del duque de Clarence murieron antes de cumplir los dos años. El abuelo y el padre de Victoria murieron en 1820 con solo una semana de diferencia y el duque de York murió en 1827. Tras la muerte del rey Jorge IV en 1830, Victoria se convirtió en heredera presunta de su tío Guillermo IV. El Acta de Regencia de 1830 incluía una cláusula especial que convertiría a la duquesa de Kent y madre de Victoria en regente si Guillermo moría antes de que Victoria cumpliera 18 años. El rey Guillermo desconfiaba de la capacidad de la duquesa para ser regente y, en 1836, declaró en su presencia que quería vivir hasta ver a Victoria cumplir 18 para evitar una regencia.


Heredera al trono

Victoria en 1838.
Victoria con su perro de agua Dash, Pintura por George Hayter de 1833.




















Victoria describiría más tarde su infancia como «bastante melancólica». Su madre era muy protectora, por lo que tuvo una educación aislada, lejos de otros niños de su edad, siguiendo el llamado «sistema Kensington», un conjunto de reglas y protocolos elaborados por la duquesa y su ambicioso y dominante mayordomo, sir John Conroy, que según algunos rumores era amante de la duquesa.​ El sistema le impedía encontrarse con personas que su madre y Conroy consideraran indeseables —un grupo que incluía gran parte de la familia de su padre— y tenía como objetivo volverla débil y dependiente de ellos.​ La duquesa evitaba la corte, pues le molestaba que allí hubiera hijos ilegítimos del rey,​ y también para mostrar la moralidad de Victoria al insistir en el hecho de que su hija evitase toda forma de indecencia sexual.​ Victoria compartía cuarto con su madre, estudiaba con tutores privados de acuerdo con un horario reglado y pasaba las horas de ocio jugando con sus muñecas y su toy spaniel inglés, llamado Dash.​ Aprendió francés, alemán, italiano y latín,​ pero hablaba inglés en casa.​
En 1830 la duquesa de Kent y Conroy llevaron a Victoria al centro de Inglaterra para visitar Malvern Hills, deteniéndose en varios pueblos y en casas de campo por el camino.​ Entre 1832 y 1835 realizaron viajes semejantes. Para gran irritación del rey Guillermo, Victoria fue recibida con mucho entusiasmo en todos los lugares.​ Guillermo consideró que esos viajes reflejaban una ambición de realeza y temía que se empezara a ver a Victoria como una rival en vez de como una heredera. A Victoria no le gustaban esos viajes: las constantes apariciones públicas la dejaban muy cansada y tenía poco tiempo para relajarse.​ La princesa acabaría oponiéndose a esto, y argumentaría que no le gustaban al rey, pero su madre ignoró sus quejas por celos y la obligó a continuar.​ Mientras estaba en Ramsgate, en octubre de 1835, Victoria cogió una fuerte fiebre, pero Conroy lo ignoró y afirmó que sus quejas eran fantasías infantiles.​ Mientras Victoria estaba enferma, Conroy y la duquesa intentaron que nombrara a Conroy su secretario privado, pero la princesa se negó.​ Durante su adolescencia, Victoria resistió a los persistentes intentos por parte de su madre y de Conroy para que este fuera su secretario.​ Cuando llegó a reina, acabó finalmente por apartarlo de su presencia, pero Conroy se mantuvo en la casa de su madre.​
Victoria en su juventud.
En 1836 el hermano de la duquesa, Leopoldo, que se había convertido en rey de Bélgica en 1831, empezó a hacer planes para casar a su sobrina Victoria con su sobrino Alberto.​ Leopoldo, la madre de Victoria y el padre de Alberto (el duque Ernesto I de Sajonia-Coburgo-Gotha) eran hermanos. Leopoldo convenció a su hermana para invitar a los parientes de Coburgo para que la visitaran en mayo de 1836, con el objetivo de presentar a Alberto a Victoria. Sin embargo, Guillermo IV no aprobaba ningún tipo de unión de los miembros de su familia con los Coburgo y hubiera preferido que su sobrina se hubiera casado con el príncipe Alejandro de los Países Bajos, segundo hijo de Guillermo II de los Países Bajos. Victoria sabía de la existencia de estos planes y daba su opinión sobre los príncipes elegibles que le presentaban.​Según su diario, a Victoria siempre le gustó la compañía de Alberto. Al final de la visita, escribió: «[Alberto] es extremadamente guapo, su pelo es del mismo color que el mío, sus ojos son grandes y azules y tiene una nariz bonita y una boca muy dulce con unos buenos dientes. Pero el encanto de su cara reside en su expresión, que es muy agradable».​ Por otra parte, encontraba a Alejandro «demasiado simple».​
Victoria le escribió a su tío Leopoldo, a quien siempre consideró su «mejor y más amable consejero»,​ para agradecerle la «expectativa de gran felicidad para la cual ha contribuido la persona del querido Alberto (...) él tiene todas las cualidades deseables para hacerme totalmente feliz. Es tan sensible, tan amable y tan amoroso. Además, tiene el exterior más agradable y encantador que he conocido». Sin embargo, con 17 años y a pesar de estar muy interesada en Alberto, Victoria no estaba lista para casarse. Ambas partes no avanzaron hacia un compromiso formal, pero asumieron que su unión ocurriría con el tiempo.   


Primeros años de reinado

Victoria del Reino Unido
Victoria recibe la noticia de su subida al trono.













Victoria cumplió 18 años el 24 de mayo de 1837, por lo que se evitó así una regencia. El 20 de junio de 1837 Guillermo IV murió con 72 años, y Victoria se convirtió en reina del Reino Unido. En su diario escribió: «Mamá me levantó a las seis de la mañana y me dijo que el arzobispo de Canterbury y Conyngham estaban aquí y querían verme. Salí de la cama y fui a mi sala de espera (vestida solo con mi camisón), sola, y los vi. Conyngham me avisó de que mi pobre tío, el rey, ya no existía y que había dado su último suspiro doce minutos después de las dos de la mañana y que, por consiguiente, soy reina».​ Los documentos oficiales de su primer día de reinado se referían a ella como Alejandrina Victoria, pero su primer nombre fue retirado a petición de la reina y nunca volvió a ser usado.
Debido a que la Ley Sálica imperaba en Hanóver, este trono pasó a su tío menor, el duque de Cumberland, terminando así la unión entre el Reino Unido y Hanóver existente desde 1714. Mientras la joven reina no tuvo hijos, el duque de Cumberland fue el heredero presunto del trono.​
Victoria en su coronación.
El primer ministro whig, lord Melbourne, ejerció desde el comienzo una poderosa influencia sobre la políticamente inexperta soberana, quien acudía a él constantemente por consejos y ayuda.​ Charles Greville creía que al viudo Melbourne, que nunca había tenido hijos, «ella le caía muy bien y la quería como a una hija si hubiera tenido alguna», y es probable que Victoria lo viera como una figura paterna.​ Su coronación se realizó el 28 de junio de 1838 y Victoria se convirtió en la primera soberana en residir en el palacio de Buckingham.​ Heredó las propiedades de los ducados de Lancaster y Cornualles y empezó a recibir 385 000 libras al año. Al ser prudente a nivel financiero, consiguió pagar las deudas de su padre.
Al principio del reinado, Victoria fue muy popular.​ Sin embargo, su reputación sufrió un duro revés debido a una intriga en la corte en 1839, cuando la barriga de una de las damas de compañía de su madre, Flora Hastings, empezó a crecer de forma anormal, creando rumores de que se había quedado embarazada, fuera del matrimonio, de John Conroy. Victoria creyó en los rumores; odiaba a Conroy y despreciaba a «aquella odiosa lady Flora»,​ ya que esta había conspirado con Conroy y la duquesa de Kent en el sistema Kensington.​ Al principio, lady Flora se negó a someterse a un examen médico desnuda, pero a mediados de febrero finalmente cedió y se descubrió que aún era virgen.​ Conroy, la familia Hastings y los conservadores organizaron una campaña de prensa afirmando que la reina había ayudado a extender rumores falsos sobre lady Flora.​ Cuando lady Flora murió en julio, la autopsia reveló que tenía un gran tumor en el hígado y que esa había sido la causa del crecimiento de la barriga.​ En apariciones públicas, a Victoria le silbaban y le llamaban «Mrs. Melbourne».​
En 1839 Melbourne dimitió, cuando los radicales y conservadores —Victoria odiaba a ambos partidos— votaron contra una ley que suspendía la constitución de Jamaica, la cual retiraba el poder político a los dueños de las plantaciones que se estaban resistiendo a la abolición de la esclavitud.
La reina pidió a Robert Peel que formara gobierno, pero pronto entró en disputas con este debido a la Crisis de las Damas de Cámara. Por aquel entonces, la conformación de la corte real estaba regida por el sistema de patronazgo —es decir, el primer ministro escogía a los miembros que servirían a la reina entre sus partidarios—; muchas de las damas de cámara de la reina eran esposas de whigs, y sir Robert Peel exigía que fueran reemplazadas por esposas de tories. Victoria, aconsejada por Melbourne, se negó rotundamente a destituir a las damas de sus cargos, pues las había llegado a considerar amigas muy cercanas. Peel sentía que no podía gobernar bajo las restricciones impuestas por la reina y finalmente renunció al cargo de primer ministro, dejándole el camino libre a Melbourne para retornar al poder.


Matrimonio y familia

Matrimonio

Boda de la reina Victoria con el príncipe Alberto, pintura de George Hayter.
A pesar de ser reina, Victoria seguía viviendo con su madre, con la que no se llevaba bien debido al sistema Kensington y a su dependencia continua de Conroy, simplemente por estar soltera. Su madre vivía en aposentos alejados en el palacio de Buckingham y Victoria se negaba a verla muchas veces.​ Cuando la reina se quejó a Melbourne de que la proximidad de la madre había supuesto un «tormento durante muchos años», este simpatizó con ella y le dijo que eso se podía evitar con una boda, algo a lo que Victoria llamó la «alternativa chocante». Estaba interesada en la educación que Alberto estaba recibiendo para preparar su futuro papel de marido, pero se resistió a acelerar el matrimonio.
Victoria siguió elogiando a Alberto tras su segunda visita a Inglaterra en octubre de 1839. Alberto y Victoria se gustaban y la reina le pidió matrimonio el 15 de octubre de 1839, solo cinco días después de su llegada a Windsor.​ Se casaron el 10 de febrero de 1840 en la capilla real del palacio de St. James, en Londres. Victoria estaba totalmente enamorada. Se pasó la primera noche de casada con dolor de cabeza, pero escribió en su diario:
NUNCA, NUNCA he pasado una noche así. MI QUERIDO, QUERIDO, QUERIDO Alberto [...] con su gran amor y afecto me ha hecho sentir que estoy en un paraíso de amor y felicidad, algo que nunca esperaba sentir. Me cogió en sus brazos y nos besamos una y otra vez. Su belleza, su dulzura y su amabilidad —nunca podré agradecer suficientes veces tener un marido así— [...] que me llama con nombres tiernos como nunca antes me han llamado ha sido una increíble bendición. Este ha sido el día más feliz de mi vida.​
Victoria I del Reino Unido
Alberto se convirtió en un consejero político importante, así como en el compañero de la reina, y sustituyó a lord Melbourne como la figura dominante e influyente en la primera mitad de su vida. La madre de Victoria tuvo que abandonar el palacio y fue enviada a Ingestre en Belgrave Square. Tras la muerte de la princesa Augusta Sofía del Reino Unido en 1840, la madre recibió las casas de Clarence y Frogmore.​ Con la ayuda de Alberto, la relación entre madre e hija empezó a mejorar poco a poco.
El 10 de junio de 1840, poco después de la boda y con Victoria embarazada de su primer hijo, un joven llamado Edward Oxford de 18 años de edad, intentó asesinarla cuando estaba en un carruaje acompañada por el príncipe Alberto camino de casa de la madre.​ Oxford disparó dos veces, pero ambas balas fallaron. Fue juzgado por alta traición y considerado culpable, aunque después fue liberado por considerar que estaba loco.​ Tras el incidente, la popularidad de Victoria aumentó y se olvidó la anterior crisis.​ Su primera hija, que también se llamó Victoria, nació el 21 de noviembre de 1840. La reina odiaba estar embarazada,​ pensaba que dar el pecho era asqueroso​ y creía que los recién nacidos eran feos. Aun así, tendría ocho hijos más con Alberto.
La casa de Victoria estaba regida por la que había sido su institutriz durante la infancia, la baronesa Louise Lehzen. Lehzen había sido una gran influencia para Victoria y la había apoyado contra el sistema Kensington.​ Sin embargo, Alberto creía que Lehzen era una incompetente y que su desgobierno amenazaba la salud de su hija. Tras una discusión entre Victoria y Alberto, Lehzen fue jubilada y su relación tan cercana con Victoria acabó.​

Hemofilia

Uno de los hijos de Victoria, el segundo menor, Leopoldo, fue el primer descendiente de Victoria que padeció hemofilia B y dos de sus cinco hijas, Alicia y Beatriz, descubrieron, después de tener hijos, que eran portadoras del gen defectuoso. Entre los descendientes reales que padecieron esta enfermedad se encuentran sus bisnietos, el zarevich Alekséi Nikoláyevich Románov, Alfonso de Borbón y Battenberg y el infante Gonzalo de Borbón y Battenberg.​ La presencia de esta enfermedad en los descendientes de la reina, pero no así en sus antepasados, ha llevado a especulaciones que afirman que el verdadero padre de Victoria no era el duque de Kent, sino un hemofílico.​ No existe ninguna prueba documentada de la presencia de hemofílicos en la familia de la madre de Victoria.​ Es más probable que haya habido una mutación espontánea, ya que el padre de Victoria era bastante mayor cuando la concibió y la hemofilia aparece con mayor frecuencia en niños nacidos de padres mayores.​ Cerca del 30 % de los casos de hemofilia aparecen por mutaciones espontáneas.


Años de juventud

Victoria en 1842.
El 29 de mayo de 1842 Victoria estaba en un carruaje en la zona de The Mall en Londres cuando John Francis le apuntó con una pistola, pero no disparó. El día siguiente Victoria fue por el mismo camino, pero más deprisa y con más seguridad en un intento premeditado de provocar a Francis para que disparara nuevamente y, así, ser pillado in fraganti. Como se esperaba, Francis disparó, fue atrapado por un policía vestido de paisano y condenado por alta traición. El 3 de julio, dos días después de que la sentencia de muerte de Francis fuera conmutada por el exilio a las colonias inglesas durante el resto de su vida, otro hombre, John William Bean, apuntó con una pistola a la reina, pero el arma solo estaba cargada con papel y tabaco. Bean fue condenado a 18 meses de cárcel.​ En 1849 hubo un ataque similar, esta vez llevado a cabo por el irlandés William Hamilton, que disparó una pistola cargada con pólvora contra el carruaje de Victoria cuando esta pasaba por Constitution Hill en Londres.​ En 1850 la reina fue herida al ser atacada por Robert Pate, un antiguo oficial del ejército, posiblemente loco. Mientras Victoria estaba en el carruaje, Pate la alcanzó con una bengala, destruyendo el sombrero y dejándole manchas negras en la cara. Tanto Hamilton como Pate fueron condenados a pasar siete años en las colonias británicas.
El apoyo que Melbourne tenía en el parlamento se debilitó a lo largo de los años de reinado de Victoria y, en las elecciones de 1841, los whigssalieron derrotados. Robert Peel se convirtió en el nuevo primer ministro y las damas de compañía que estaban relacionadas con los conservadores fueron sustituidas.
En 1845 Irlanda fue golpeada por la devastación de los cultivos de patata;​ en cuatro años, esta plaga costó las vidas de un millón de irlandeses y la emigración de otro millón.​ En respuesta a la llamada Hambre de la Patata Irlandesa (An Gorta Mor), la reina donó personalmente 2000 £, una cuantía superior a cualquier donación hecha por un solo individuo, y apoyó el crédito Maynooth a un seminario católico en Irlanda, a pesar de la oposición por parte de los protestantes. Sin embargo, Victoria fue conocida como la «reina del Hambre».​ De hecho, a finales del siglo XIX se contaban historias falsas que decían que donaba apenas 5 £ para aliviar el hambre y que era la misma cantidad que donaba para un refugio de animales.
La primera fotografía conocida de la reina Victoria, realizada en 1844, con su hija mayor.
El gobierno de Peel se vio pronto envuelto en una crisis debido a las Leyes del Grano. Muchos tories —para entonces conocidos también como conservadores— se opusieron a la abrogación, pero algunos de ellos y la mayoría de los whigs la apoyaron. Peel dimitió en 1846, después de que la abrogación fuera aprobada por un estrecho margen, y fue substituido por lord John Russell.
A nivel internacional, Victoria se centró en la mejora de las relaciones entre Francia y el Reino Unido.​ Visitó y recibió muchas veces a la familia real francesa, los Orleans, algunos de los cuales eran parientes de los Coburgo por matrimonio. En 1843 y 1845, Victoria y Alberto se hospedaron en el castillo de Eu con el rey Luis Felipe I de Francia. Victoria fue la primera monarca británica en visitar a un monarca francés desde el encuentro en el Campo de la tela de oro en 1520. Cuando Luis Felipe los visitó en 1844, se convirtió igualmente en el primer soberano francés en visitar a un soberano británico.​ Luis Felipe fue depuesto por la revolución de 1848 y partió al exilio a Inglaterra.​ En el punto más álgido de la ola revolucionaria en el Reino Unido en abril de 1848, Victoria y su familia cambiaron Londres por la seguridad de Osborne House,​ una propiedad privada en la isla de Wight que la reina había comprado en 1845 y reformado. Las manifestaciones de los cartistas y de los nacionalistas irlandeses no consiguieron apoyos a nivel nacional y las perturbaciones se diluyeron sin mayores problemas. La primera visita de la reina a Irlanda en 1849 fue un éxito, pero no tuvo ningún impacto duradero en el crecimiento del nacionalismo irlandés.
El gobierno de Russell, aunque whig, no fue favorecido por la reina.​ Particularmente ofensivo para Victoria era el ministro de Asuntos Exteriores, lord Palmerston, que actuaba a menudo sin consultar al Gabinete, al primer ministro o a la reina.​ En 1849, Victoria introdujo en el parlamento una queja, apoyada por Russell, alegando que Palmerston había enviado despachos oficiales a los líderes extranjeros sin su consentimiento, pero este continuó en su puesto y siguió actuando por iniciativa propia, a pesar de las repetidas llamadas de atención de la reina. No fue hasta 1851 que Palmerston fue relevado de su cargo; en aquella ocasión había anunciado la aprobación del Gobierno británico al golpe de Estado del presidente Luis-Napoleón Bonaparte en Francia sin consultar previamente al primer ministro.​ El año siguiente, el presidente Bonaparte se convirtió en el emperador Napoleón III, cuando la administración Russell había sido sustituida por el gobierno minoritario de corta duración liderado por Edward Smith-Stanley, 14º conde de Derby.
En 1853 Victoria dio a luz a su octavo hijo, Leopoldo, con la ayuda de un nuevo anestésico, el cloroformo. Victoria quedó tan impresionada con el alivio que lo volvió a usar en 1857 en el parto de su última hija, Beatriz, a pesar de que muchos miembros del clero se opusieron al considerar que iba en contra de las enseñanzas de la Biblia y de que algunos miembros de la comunidad médica lo consideraran un medicamento muy peligroso.​ Victoria pudo haber sufrido depresión postparto tras muchos de sus embarazos.​ Existen cartas escritas por Alberto a Victoria donde se quejaba de su falta de autocontrol: por ejemplo, cerca de un mes después del nacimiento de Leopoldo, Alberto se quejó por carta de la «histeria continua» que padecía Victoria debido a «cualquier asunto sin importancia».
Victoria en 1860.
A principios de 1855 el gobierno de Aberdeen, que había sustituido al de Derby, fue criticado por el mal uso de las tropas británicas durante la Guerra de Crimea y cayó. Victoria habló con Derby y Russell para formar un nuevo gobierno, pero ninguno de los dos tuvo apoyo suficiente y Victoria tuvo que nombrar a Palmerston como nuevo primer ministro.​
Napoleón III, que desde la guerra de Crimea se había convertido en el mayor aliado británico, visitó Londres en abril de 1855 y entre el 17 y el 28 de agosto de ese mismo año, Victoria y Alberto le devolvieron la visita. Napoleón se encontró con la pareja en Dunkerque y los acompañó a París. Visitaron la Exposición Universal (sucesora de la Gran Exposición organizada por el príncipe Alberto en Londres en 1851) y la sepultura de Napoleón en Los Inválidos (en la cual habían sido colocados sus restos mortales en 1840), y fueron invitados de honor en un baile con 1200 invitados en el palacio de Versalles.
El 14 de enero de 1858 un refugiado italiano que vivía en Gran Bretaña intentó asesinar a Napoleón III con una bomba fabricada en Inglaterra.​ Esto provocó una crisis diplomática que desestabilizó el gobierno e hizo que Palmerston dimitiese. Derby volvió a ser primer ministro.​ Victoria y Alberto estuvieron presentes en la apertura de una nueva base en el puerto militar francés de Cherburgo el 5 de agosto de 1858, un intento por parte de Napoleón para asegurar a Gran Bretaña que su armamento estaba dirigido hacia otro lugar. Cuando regresó a Inglaterra, Victoria escribió a Derby y le reprendió por el débil estado de la marina real británica en comparación con la francesa.​
Once días después del intento de asesinato en Francia, la hija mayor de Victoria se casó con el príncipe Federico de Prusia en Londres. Estaban prometidos desde 1855, cuando la princesa real solo contaba con 14 años. El matrimonio fue atrasado por la reina y por el príncipe hasta que esta cumpliera 17. La reina y el príncipe Alberto esperaban que su hija y su yerno fueran responsables de la liberalización del creciente reino prusiano. Victoria sintió «un dolor en el corazón» al ver a su hija dejar Inglaterra para vivir en Alemania. «Haz que me arrepienta», le escribió en una de sus frecuentes cartas, «cuando veo a tus hermanas, tan dulces, tan felices y pienso que las voy a tener que dejar marchar una a una».​ Casi un año después, la princesa Victoria dio a luz al primer nieto de la reina Victoria, el futuro káiser Guillermo II de Alemania.


Viudez

Victoria y Alberto en 1861, pocos meses antes de la muerte del príncipe consorte.
En marzo de 1861, la madre de Victoria murió a su lado. Cuando leyó los documentos que le dejó, Victoria comprendió que su madre la había querido profundamente.​ La reina se quedó destrozada y culpó a Conroy y a Lehzen por haberla alejado de ella «maliciosamente».​ Para distraer a su esposa durante este periodo de sufrimiento intenso,​ Alberto la sustituyó en la mayoría de sus deberes a pesar de que él tenía problemas crónicos en el estómago.​ En agosto, Victoria y Alberto visitaron a su hijo, el príncipe Eduardo de Gales, que estaba participando en unas maniobras del ejército en Dublín, y pasaron algunos días en Killarney. En noviembre, Alberto supo de la existencia de unos rumores de que Eduardo había dormido con una actriz en Irlanda.​ Horrorizado, fue hasta Cambridge, donde su hijo estaba estudiando, y se encaró con él.​ A principios de diciembre Alberto estaba muy enfermo,​ y el doctor William Jenner le diagnosticó fiebre tifoidea. Murió el 14 de diciembre de 1861. La pérdida de quien fuera su compañero, amigo y consejero devastó a Victoria,​ que mantuvo desde entonces un estado semipermanente de luto y usó el color negro en sus vestidos para el resto de su vida. Evitó las apariciones públicas y rara vez puso los pies en Londres durante los años siguientes,​ por lo que se ganó con ello el apodo de la «Viuda de Windsor».​ Victoria consideró a su hijo, el príncipe de Gales, joven indiscreto y frívolo, culpable de la muerte de su padre.​
El aislamiento de Victoria del público disminuyó en gran medida la popularidad de la monarquía, e incluso animó el crecimiento del movimiento republicano.​ Aunque cumplió sus deberes oficiales, no participó activamente en el gobierno, y permaneció confinada en sus residencias reales, como Balmoral en Escocia —que Alberto había comprado en 1847—, Windsor y Osborne House, en la isla de Wight. En marzo de 1864 un hombre colocó un cartel en las balaustradas del palacio de Buckingham en el que decía: «esta propiedad está a la venta debido a la quiebra del negocio del antiguo ocupante». Su tío Leopoldo le escribió para aconsejarle que apareciera en público. La reina estuvo de acuerdo en aparecer en los jardines de la sociedad real de horticultura en Kensington y dar un paseo en un carro abierto por Londres.​
A lo largo de la década de 1860, Victoria comenzó a confiar cada vez más en un criado escocés, John Brown;​ se ha llegado a alegar que entre ellos hubo una relación romántica e incluso un matrimonio secreto, y algunos periódicos empezaron a llamarla «Mrs Brown».​ Existe también un cuadro de Edwin Landseer que muestra a la reina y a Brown, y que se encuentra expuesto en la Royal Academy. Victoria publicó un libro llamado Leaves from the Journal of Our Life in the Highlands, que habla mucho de Brown, y en el que la reina elogia en gran medida a su criado.​
Entretanto, una de las piezas más importantes de la legislación del siglo XIX —el Acta de Reformas de 1867— fue aprobada por el parlamento. Esta reforma, que fue apoyada por la reina, duplicaba el número de electores y extendía el derecho al voto a diversos trabajadores urbanos,​ pero no a las mujeres.​ Lord Palmerston se había opuesto totalmente a la reforma electoral, pero su ministerio terminó con su muerte en 1865. Lord Derby asumió el cargo, siendo sucedido por Russell. Luego, Derby volvió a ocupar el cargo de primer ministro,​ y durante su ministerio se aprobó el Acta de Reforma. En 1866 Victoria estuvo presente en la primera sesión del parlamento por primera vez desde la muerte de Alberto.​ En 1868 Derby dimitió y fue sustituido por el conservador Benjamin Disraeli —posteriormente primer conde de Beaconsfield—, que encantó a la reina: «a todo el mundo le gustan los elogios», decía, «pero cuando una persona entra en contacto con la realeza, debe tomarlos con pinzas».​ Siempre saludaba a la reina con la frase «we authors, Ma'am» y la elogiaba.​ Sin embargo, su gobierno apenas duró unos meses y fue sustituido por su rival liberal William Ewart Gladstone. Se hicieron famosos los desacuerdos de Gladstone con Victoria y Disraeli durante su carrera política. Ella comentó una vez que cuando él se le dirigía era como si estuvieran en una reunión pública.
En 1870 el sentimiento republicano británico alcanzó un punto álgido, alimentado por el aislamiento de Victoria y por la creación de la Tercera República Francesa.​ Se realizó un mitin republicano en Trafalgar Square donde se exigió la abdicación de Victoria, y varios miembros radicales del gobierno la criticaron.​ Entre agosto y septiembre de 1871 la reina estaba gravemente enferma debido a un absceso en el brazo, que Joseph Lister consiguió tratar con éxito gracias a su nuevo spray de ácido carbólico antiséptico. A finales de noviembre de 1871, en el punto más alto del movimiento republicano, el príncipe de Gales contrajo fiebre tifoidea, la misma enfermedad que había matado a su padre, y Victoria temió por la muerte de su hijo.​ A medida que se acercaba el décimo aniversario de la muerte de su marido, la salud de Eduardo parecía no dar señales de mejora y la preocupación de Victoria continuó.​ Para alegría de todos, Eduardo sobrevivió.​ Madre e hijo estuvieron presentes en un acto público en Londres y en un gran servicio de acción de gracias en la catedral de San Pablo el 27 de febrero de 1872. El sentimiento republicano empezó a decaer.​
El último día de febrero de 1872, dos días después del servicio de acción de gracias, Arthur O'Connor —sobrino nieto de un diputado irlandés— apuntó con una pistola sin balas al carruaje abierto de Victoria cuando esta atravesaba los portones del palacio de Buckingham. Brown, que estaba al lado de la reina, lo atrapó, y el pistolero fue condenado a doce meses de cárcel.​ Gracias a este incidente, la popularidad de la reina aumentó aún más.

​

Emperatriz de la India

Victoria en 1897.
Tras la rebelión de los cipayos en 1857, la Compañía Británica de las Indias Orientales, que había gobernado gran parte de la India, fue disuelta, y las posesiones y protectorados británicos fueron incorporados formalmente al Imperio británico. La reina tenía una visión relativamente neutral sobre el conflicto y condenó las atrocidades cometidas por ambos bandos. Escribió sobre su «sentimiento de horror y arrepentimiento por el resultado de esta guerra civil sangrienta»,​ e insistió, incentivada por Alberto, que debía anunciar que la proclamación oficial afirmando la transferencia de poder de la compañía al Estado «debía mostrar un sentimiento de generosidad, benevolencia y tolerancia religiosa».​ Por orden de la reina, una referencia que amenazaba la «disminución de la religiones nativas y de sus costumbres» fue sustituida por un pasaje que garantizaba la libertad religiosa.
En las elecciones de 1874 Disraeli volvió al poder, y su gobierno aprobó una ley de regulación de culto público que retiraba los rituales católicos de la liturgia anglicana, ley que Victoria apoyó:​ la reina prefería misas cortas y sencillas, y le gustaba más la doctrina de la iglesia presbiteriana escocesa que la inglesa. Fue este primer ministro el que aprobó la ley que confería a la reina el título de «emperatriz de la India» el 1 de mayo de 1876.​ El nuevo título fue proclamado en el Delhi Durbar el 1 de enero de 1877.
El 14 de diciembre de 1878, aniversario de la muerte de Alberto, la segunda hija de Victoria, la princesa Alicia, que se había casado con el gran duque Luis IV de Hesse-Darmstadt, murió de difteria en Darmstadt. Victoria encontró la coincidencia de las fechas «casi increíble y muy misteriosa». En mayo de 1879 se convirtió en bisabuela por primera vez debido al nacimiento de la princesa Feodora de Sajonia-Meiningen, hija de su nieta Carlota de Prusia.​
Entre abril de 1877 y febrero de 1878 Victoria amenazó con abdicar del trono cinco veces para presionar a Disraeli a condenar al Imperio ruso por sus acciones en la guerra ruso-turca, pero sus amenazas no tuvieron ningún impacto ni acabaron con el Congreso de Berlín.​ La política exterior expansionista de Disraeli, que Victoria apoyaba, inició conflictos como la guerra anglo-zulú y la segunda guerra anglo-afgana. «Si queremos mantener nuestra posición como gran potencia», escribió la reina, «tenemos que estar preparados para ataques y guerras en un lugar u otro CONTINUAMENTE».​ Victoria veía la expansión del Imperio británico como civilizadora y beneficiosa, ya que protegía a los pueblos nativos de las potencias más agresivas o de gobernantes crueles: «no es costumbre nuestra anexionar países», dijo, «a no ser que nos veamos obligados o forzados a hacerlo».​ Para desaliento de Victoria, Disraeli perdió las elecciones de 1880 y Gladstone volvió al poder como primer ministro.​ Cuando Disraeli murió al año siguiente, Victoria lloró y mandó colocar una placa en su sepultura en la que se podía leer: «colocada por su muy grata soberana y amiga, Victoria, R.I.».​

Últimos años

Victoria a caballo. Al lado su criado John Brown.
El 2 de marzo de 1882 Roderick Maclean, un reconocido poeta que se sentía ofendido porque Victoria se había negado a leer uno de sus poemas,​ disparó contra la reina cuando su carruaje estaba saliendo de la estación de trenes de Windsor. Dos estudiantes del colegio Eton le golpearon con sus paraguas hasta que el poeta fue detenido por la policía.​ Victoria se enfureció cuando se enteró de que Maclean quedó en libertad por locura,​ pero se alegró con las demostraciones de lealtad después del ataque, y llegó a afirmar que «ha valido la pena ser disparada solo para ver cómo se me quiere».
El 17 de marzo de 1883 Victoria se cayó por las escaleras en Windsor, lo que provocó que estuviera en una silla de ruedas hasta julio. La reina nunca se recuperó completamente de la caída y sufrió reumatismo hasta el fin de sus días.​ John Brown murió días después del accidente y, para consternación de su secretario privado, Henry Ponsonby, la reina empezó a trabajar en una biografía laudatoria de su fiel criado.​ Ponsonby y Randall Davidson, decano de Windsor, que habían visto los primeros esbozos, le aconsejaron a Victoria que no publicara el trabajo, ya que podría causar rumores de que los dos habían tenido una relación amorosa.​ El manuscrito fue destruido. A principios de 1884 Victoria publicó el libro More Leaves from a Journal of a Life in the Highlands, una secuela de su primer libro, que dedicó a su «criado personal, devoto y fiel amigo, John Brown».​ Un día después del aniversario de la muerte de Brown, Victoria supo mediante un telegrama que su hijo pequeño, Leopoldo, había muerto en Cannes, víctima de hemofilia. Victoria lamentó la muerte de aquel que era «el más querido de entre mis hijos».​ Al mes siguiente, la hija menor de Victoria, Beatriz, conoció y se enamoró del príncipe Enrique de Battenberg en la boda de su sobrina Victoria de Hesse-Darmstadt con el hermano mayor del príncipe Luis de Battenberg. Beatriz y Enrique querían casarse, pero en un primer momento Victoria se opuso a la unión, pues quería que Beatriz se quedara en casa con ella para hacerle compañía. Un año después cambió de opinión, ya que Beatriz y Enrique prometieron que seguirían viviendo cerca para hacerle compañía.​
Victoria se alegró cuando Gladstone se vio obligado a dimitir en 1885, tras no poder aprobar su presupuesto.​ La reina pensaba que su gobierno había sido el «peor que había tenido» y le culpaba de la muerte del general Gordon en Jartum.​ Gladstone fue sustituido por lord Salisbury. Sin embargo, este gobierno apenas duró unos meses, y Victoria tuvo que llamar nuevamente a Gladstone, a quien denominaba como «medio loco y, en verdad, no es más que un hombrecito ridículo de muchas maneras».​ Gladstone intentó aprobar una ley que daba a Irlanda un gobierno propio pero, para alegría de Victoria, no fue aprobada.​ En las elecciones, el gobierno Gladstone cedió el poder a Salisbury.


Jubileo de oro


Victoria en su Jubileo de oro.
En 1887 el Reino Unido celebró el Jubileo de oro de Victoria. La reina celebró el 20 de junio de 1887 —el quincuagésimo aniversario de su ascensión al trono— con un banquete, al cual fueron invitados cincuenta reyes y príncipes europeos. Al día siguiente, participó en un desfile que, en palabras de Mark Twain, «se extendía más allá del límite de la visión en ambas direcciones» y estuvo presente en una misa de acción de gracias en la abadía de Westminster.​ A estas alturas, Victoria era de nuevo extremadamente popular.​ Dos días después, el 23 de junio,​ contrató a dos indios musulmanes para que fueran sus criados. Uno de ellos, Abdul Karim, fue ascendido a «Munshi» (maestro), enseñó a la reina hindi urdu y se convirtió en su «escriba».​ La familia y los criados de la reina se asustaron y acusaron a Abdul Karim de ser un espía de la Liga Musulmana, e intentaron poner a la reina contra los indios.​ El caballerizo de la reina, Frederick Ponsonby —hijo de Henry, el secretario de la reina—, descubrió que Karim había mentido sobre sus padres y le dijo a lord Elgin, virrey de la India, que «el indio ocupa el mismo puesto que ocupaba John Brown».​ Victoria ignoró las quejas, al considerarlas racistas.​ Abdul Karim estuvo con la reina hasta la muerte de esta, y después volvió a la India con una pensión.​
La hija mayor de Victoria se convirtió en emperatriz consorte de Alemania en 1888, pero enviudó tres meses después y su nieto, Guillermo, se convirtió en emperador de Alemania con el nombre de Guillermo II. Con el reinado de Guillermo, las esperanzas que Victoria y Alberto tenían puestas para que Alemania se liberalizase no se cumplieron, ya que éste creía en la autocracia. Victoria pensaba que su nieto tenía «poco corazón o tacto y [que] (...) su conciencia e inteligencia habían sido totalmente deformadas».​
Gladstone volvió al poder una vez más en 1892, con 82 años. Victoria vetó el nombramiento del diputado radical Henry Labouchere para ocupar un sitio en el gobierno y Gladstone lo aceptó.​ En 1894 se jubiló y fue reemplazado por el liberal imperialista lord Rosebery. Rosebery fue sucedido por Salisbury en 1895, quien gobernó hasta la muerte de Victoria.


Jubileo de diamante


El 22 de septiembre de 1896 Victoria sobrepasó a su abuelo Jorge III como el monarca con más tiempo de reinado en la historia inglesa, escocesa o británica. De acuerdo a una petición de la reina, todas las celebraciones públicas especiales por el acontecimiento fueron retrasadas hasta 1897, el año en que se celebraba el jubileo de diamante de Victoria. El secretario de colonias, Joseph Chamberlain, propuso que el jubileo fuera un festival en todo el Imperio Británico.
Así, invitaron a los primeros ministros de todas las colonias autónomas junto con sus familias. El desfile en el que participó la reina por Londres hizo una parada para realizar una misa de acción de gracias al aire libre junto a la catedral de San Pablo, durante la cual la reina permaneció sentada en su carruaje abierto. La celebración estuvo marcada por muestras de afecto a la reina septuagenaria.
Victoria visitaba Europa muchas veces en vacaciones. En 1889, cuando estaba en Biarritz, en Francia, se convirtió en la primera soberana reinante que visitó España al cruzar la frontera para una breve visita.​ En abril de 1900, la segunda guerra de los Bóeres estaba siendo tan mal vista que se le desaconsejó su viaje anual a Francia. En vez de eso, fue a Irlanda, por primera vez desde 1861, en parte para agradecer la contribución de los regimientos irlandeses en Sudáfrica. En julio, su segundo hijo, Alfredo, murió: «Dios mío, mi querido y pobre «Affie» ha muerto», escribió en su diario; «este está siendo un año horrible, solo hay tristeza y horror por todas partes».

Muerte y sucesión

Estatua de la reina Victoria en Glasgow.
Siguiendo una costumbre que mantuvo durante toda su viudez, Victoria pasó su última Navidad en Osborne House —que el príncipe Alberto había diseñado por sí mismo—, en la isla de Wight. El reumatismo de sus piernas le impedía andar y su visión estaba muy afectada por las cataratas.​ A principios de enero afirmó sentirse «mal y débil»,​ y a mediados de mes escribió en su diario que se encontraba «soñolienta (...) mareada y confusa».​ Murió allí, debido al debilitamiento de su salud, el martes 22 de enero de 1901, a las 6:30, con 81 años. En su lecho de muerte estaba acompañada por su hijo y futuro rey, Eduardo, y su nieto mayor, el emperador alemán Guillermo II.​
En 1897 Victoria había dejado escritas las instrucciones para su funeral, que quería que fuera militar, ya que era hija de un soldado y jefe del ejército,​ y que el color dominante fuera el blanco y no el negro.​ El 25 de enero el rey Eduardo, el káiser Guillermo y el príncipe Arturo ayudaron a llevar el ataúd. La reina estaba vestida con su velo de novia.​ A petición suya, el médico y las criadas que la vistieron colocaron también varias fotografías y objetos de su numerosa familia y de sus criados en el ataúd. Así, colocaron una camisa de dormir de Alberto a su lado junto con un molde de yeso de su mano y una fotografía y un mechón de pelo de John Brown que escondieron en la parte izquierda, debajo de un ramo de flores.​ Varias joyas fueron enterradas junto con Victoria, incluyendo la alianza de la madre de John Brown que éste le había dado en 1883.​ Su funeral se realizó el sábado 2 de febrero de 1901 en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor y, después de dos días de velatorio, fue enterrada junto a Alberto en el Mausoleo Real de Frogmore, en el gran parque de Windsor.​ Cuando fue enterrada, empezó a nevar.
La muerte de Victoria supuso el fin del poder de la Casa de Hannover en el Reino Unido. Como su marido pertenecía a la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha su hijo y heredero, Eduardo VII, fue el primer monarca británico de esta nueva dinastía.​

dimecres, 5 de juliol del 2017

UNA DE LAS PRIMERAS REINAS DE LA HISTORIA


Cleopatra Filopátor Nea Thea o Cleopatra VII (en griego, Κλεοπάτρα Φιλοπάτωρ; c. 69-30 a. C.) fue la última reina del Antiguo Egipto y de la dinastía ptolemaica, también llamada Lágida, fundada por Ptolomeo I Sóter, un general de Alejandro Magno. Fue la última del llamado periodo helenístico de Egipto.



Biografía

Cleopatra era probablemente hija de Cleopatra V Trifena y de Ptolomeo XII Auletes, de quien heredó el trono en el año 51 a. C., cuando tenía 17 años, junto con su hermano Ptolomeo XIII, de solo 12, quien sería además su esposo (hecho frecuente en los matrimonios regios ptolemaicos). A Cleopatra se le ha atribuido una belleza excepcional; sin embargo, grabados y dibujos hallados dan testimonio de que su encanto radicaba en su personalidad más que en su aspecto físico.

Comienzos del reinado

El padre de Cleopatra, Ptolomeo XII, conocido como "Auletes", era un soberano nada querido por su pueblo por la despreocupación que mostraba ante los graves problemas que asolaban a Egipto, por su manifiesta corrupción y por ser más amante de las fiestas que de las cuestiones de Estado. Conseguía mantenerse en el trono gracias a la ayuda romana que recibía merced a sus continuos sobornos y promesas de tributos diversos.
Roma estaba encantada de «ayudar» a Ptolomeo XII porque Egipto era para el Imperio una presa muy tentadora y hacía tiempo que tenía los ojos puestos en el oro de ese país. En cada conflicto, Roma se prestaba gustosa como árbitro. En el año 58 a. C., con ocasión de un levantamiento popular, Ptolomeo, exiliado por su hija Berenice, se desplazó a Roma en busca de ayuda militar para sofocarlo. Quedaron como regentes del país su esposa Cleopatra y su hija mayor Berenice IV, quienes gobernaron durante un año hasta que Cleopatra murió. Los alejandrinos colocaron en el trono como única reina a Berenice IV y enviaron una delegación a Roma para que ésta arbitrase en el conflicto que enfrentaba a padre e hija.
Ptolomeo XII consiguió el apoyo de Roma luego de haber pagado a Pompeyo una gran suma de dinero y prometerle que durante años le pagaría tributos. Consiguió derrotar al ejército de Archelaus, segundo marido de Berenice IV, y fue devuelto al trono. Uno de sus primeros actos fue mandar ejecutar a su hija Berenice, era el año 55 a. C.
Estatua de basalto negro de Cleopatra VII. Museo del Hermitage. San Petersburgo, Rusia.
Ptolomeo XII Auletes reinó desde ese día hasta su muerte en el año 51 a. C; dejándole el trono a su hija Cleopatra VII Filópator y a su hijo Ptolomeo XIII Dioniso II (51-47 a. C.), que contaba aproximadamente con doce años, con quien ella tuvo que casarse por testamento de su padre. Ptolomeo XII dejó como tutor de ambos al regente de Roma, que en ese momento era Pompeyo, quien debía hacer cumplir el testamento y casar a los hermanos. Claro que esta unión era puramente legal, ya que según se dice Cleopatra, extremadamente inteligente y ambiciosa, dejaba fuera de todas las decisiones a su hermano.
Cleopatra tenía varios hermanos: Berenice IV, de la que ya se ha hablado, y Cleopatra VI como hermanas mayores —esta última desapareció no se sabe cómo durante el reinado de su hermana Berenice—, una hermana menor llamada Arsínoe IV y dos hermanos menores llamados Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV, con los que se casó sucesivamente, según la ley de los lágidas, a cuya dinastía pertenecían, y que permitía el matrimonio entre hermanos. La educación de todos ellos fue puramente griega, según costumbre ptolemaica. Cleopatra fue la primera de esta dinastía que aprendió a hablar el idioma egipcio; pero no solo conocía este idioma, sino también griego, hebreo, sirio y arameo y quizás latín. Fue instruida así mismo en los campos de la literatura, música, ciencias políticas, matemáticas, astronomía y medicina. Además tenía fama de poseer modales dulces y refinados y una sugerente voz, cosas que hacían de ella una mujer muy seductora según Plutarco. }}
Entre el 50 y el 49 a. C. los campesinos sufrieron graves hambrunas, se rebelaban y se unían a bandas de forajidos que causaban grandes males; la moneda egipcia se debilitaba y la lenta burocracia entorpecía la recuperación: el país dependía cada vez más de Roma. Además, en su propio entorno familiar tampoco iban bien las cosas. Su hermana menor Arsinoe, en desacuerdo con su política de ayuda a los romanos en señal de buena voluntad, aspiraba al trono y pronto surgieron las desavenencias también con su hermano-esposo. Ptolomeo XIII, muy joven y manipulable, era prácticamente manejado por tres consejeros muy hostiles a ella: el eunuco llamado Potino, el general Aquilas y el retórico Teodoto. Por consejo de ellos en 48 a. C. expulsó a su hermana del trono derrocándola con un comando dirigido por sus consejeros Potino y Aquilas. Y la obligó al exilio eligiendo ella Siria. Desde esta región Cleopatra pretendió recuperar el poder, reuniendo un buen ejército para este fin, aunque no lo logró.







Cayo Julio César


Roma también estaba en guerra civil y ese mismo año Pompeyo huyó a Egipto buscando refugio —donde creyó que sería bien recibido por el faraón Ptolomeo XIII— tras su derrota en Farsalia a manos de Julio César, a quien se había enfrentado en un intento de quitarle el poder. A su llegada el faraón ordenó asesinarle, por consejo de Potino, pensando obtener así el consiguiente apoyo de César que le permitiera vencer al bando de Cleopatra. Sin embargo, al general romano, que arribó a Alejandría unos días más tarde en persecución de su rival, no le agradó la decisión, pues su intención era capturarle con vida o quizás incluso perdonarle. Y lloró ante la cabeza cortada de su amigo y rival, que se le presentaba. Fue un mal comienzo para las relaciones de César y el soberano egipcio.
Aun así, César quería solucionar, en calidad de testamentario de Ptolomeo XII Aulettes, el conflicto que enfrentaba a los dos hermanos y esposos Cleopatra VII y Ptolomeo XIII y convocó a las dos partes. Ptolomeo, aconsejado de nuevo por el eunuco Potino, regresó inmediatamente a Alejandría. Cleopatra envió antes varios emisarios para asegurarse de las intenciones de César. Al final aceptó ir a Alejandría, pero lo hizo en secreto y de noche, pues desconfiaba de los espías de su hermano. Cleopatra consiguió acceder (burlando el control de los partidarios de su hermano) hasta el palacio real en el que se aposentaba César para persuadirle de que tomara partido por ella. Pasaron la noche juntos (pensando quizás Cleopatra que, si enamoraba a César, ya no tendría que temer una invasión por parte de los romanos, hecho supuesto pero no demostrado). El general hizo acudir a Ptolomeo a sus aposentos, pero éste, comprendiendo la situación, rechazó la propuesta de reconciliación. Decidió huir y corrió la voz de que había sido traicionado en un intento de levantar a los alejandrinos contra la pareja. Pero pronto fue capturado por los soldados romanos. Para evitar el motín que se avecinaba, César leyó ante el pueblo el testamento de Ptolomeo XII Auletes, del que se presentó como albacea e hizo promesas más o menos convenientes a cada uno. Finalmente se celebró el acuerdo entre los tres con un gran banquete, quedando el mapa político como sigue: César da a Ptolomeo XIII la isla de Creta y a Ptolomeo XIV y Arsinoe IV Chipre. Arsinoe considera que ella debería reinar en Egipto y se une a la causa de su hermano.
Entonces, César se instaló en Alejandría, donde llevaba una vida tranquila y culturalmente activa, además de obtener la alianza de la reina Cleopatra. Ésta recuperó el trono, protegida por su aliado romano, y Ptolomeo XIII residía cerca de ellos aunque más como rehén que como soberano. Sin embargo, no se estuvo quieto. Junto a su hermana Arsinoe y su consejero Potino, llevó a cabo una guerra de intrigas que acabaron por provocar la animosidad de los alejandrinos hacia los dos amantes. El pueblo ya podía aceptar un ataque a los soldados romanos aprovechando además su aislamiento, y así lo ordenó Ptolomeo a Aquilas quien, desde Pelusio, marchó sobre Alejandría al frente de 20 000 soldados y 2000 jinetes y rodearon la ciudad. Es entonces cuando la guerra entre Cleopatra y Ptolomeo se transformó en la guerra de Arsinoe IV y Ptolomeo XIII contra César. César y Cleopatra VII resistieron el asedio al palacio real de Alejandría, donde retenían a Ptolomeo XIII, hasta que la llegada de refuerzos les permitió contraatacar y lograr la victoria final.
En uno de los combates, el ejército de Aquilas intentó apoderarse del Gran Puerto de la ciudad, donde estaban anclados 72 navíos de guerra egipcios y 50 trirremes romanos. Para evitar que cayeran en sus manos, César prefirió quemar dichas naves, provocando un gran incendio que alcanzó la ciudad, y el resultado final fue la pérdida de muchos e importantes edificios, pero es falso que uno de ellos fuese el famoso Museo con su Biblioteca. Ardieron barcos con 40 000 rollos de papiro, pero la Biblioteca siguió existiendo durante todo el periodo romano y fue favorecida por los emperadores hasta la fundación de Constantinopla.
La guerra duró largos meses. El eunuco Potino fue tomado como rehén y más adelante ejecutado por haber intentado, en su cautiverio, envenenar a César. Arsinoe logró huir de palacio y llegar al campamento de Aquilas, con su padre putativo, el eunuco Ganímedes, que se puso al frente del ejército después de ejecutar a su aliado Aquilas, y fue proclamada reina de Egipto por los soldados. Después de que los alejandrinos ganaran una de las batallas, pero no la guerra, éstos exigieron a César la libertad de Ptolomeo, a lo que gustosamente cedió convencido de que la juventud e inexperiencia militar del soberano más bien perjudicaría a sus enemigos, como así fue. Por lo que Ganímedes fue destituido y su puesto ocupado por el rey. Gracias a la llegada de los refuerzos y a la incompetencia de Ptolomeo, César puso en fuga a los egipcios, empujándolos Nilo arriba, donde centenares de ellos murieron ahogados. Ptolomeo XIII estaba entre los muertos, en el fango: había tratado de huir en una barcaza demasiado cargada que terminó zozobrando.
La coraza de oro que llevaba, por la que fue reconocido, fue la prueba que blandió César ante el pueblo que lloraba vestido de luto. Cleopatra recuperó el trono una vez más (47 a. C.). Pero tenía que haber un rey y, para poder seguir gobernando, se casó con otro de sus hermanos, Ptolomeo XIV Filópator II. Pero el nuevo faraón solo tenía 10 años, y Cleopatra se encontró de nuevo con las riendas del poder en sus manos. Arsinoe, prisionera, fue enviada a Roma, donde desfiló cargada de cadenas en el festejo de las últimas victorias militares de Julio César.
Bajorrelieve en el Templo de Dendera de Cleopatra VII y de su hijo Cesarión, fruto de la relación con Julio César.
Julio César y Cleopatra pasaron juntos varios meses en Egipto y fruto de su relación nacería, el 23 de junio de 47 a. C., Ptolomeo XV, más conocido como Cesarión, el apodo que le dieron los alejandrinos. Luego partió a combatir (y derrotar) a Farnaces del Ponto (47) y a doblegar con éxito la resistencia de los optimates en Tapso (febrero de 46 a. C.) y Munda (marzo de 45 a. C.), al tiempo que efectuaba en Roma diversas reformas políticas que le atañían tanto a él personalmente como al Imperio en general. Además de instaurar una monarquía romana, entre los objetivos finales de César probablemente se encontrara el de agrupar, mediante su matrimonio con Cleopatra, a los Estados romano y egipcio, dando así como resultado la unidad política de todo el mundo mediterráneo.











La influencia egipcia durante estos años de Julio César en Roma también se reflejó en la administración, la sociedad, la cultura e incluso la religión. Cabe citar, por ejemplo, la recaudación directa de los impuestos por el Estado (que evitaba los anteriores abusos de los publicanos); el inicio de la administración racional (y no la mera explotación) de las provincias; la adopción, con pequeñas correcciones, del calendario de Canopo (llamado desde entonces juliano); y la introducción del culto a Isis. La propia Cleopatra estuvo dos veces (46 y 45-44 a. C.) en Roma junto con Cesarión y viviendo como concubina en la villa de César. Nunca fue aceptada por el pueblo romano, que la miraba con desconfianza. Además, César desafió a la opinión pública y rindió homenaje oficial a la reina egipcia. Durante la segunda estancia Julio César fue víctima del asesinato (15 de marzo del 44) proyectado y ejecutado por un grupo de familias senatoriales republicanas que trataban de frustrar sus planes políticos. Cleopatra, que acababa de perder a su poderoso aliado, no pudo hacer otra cosa que abandonar la capital imperial y regresó con su hijo a Egipto.


Marco Antonio


A partir del año 43 a. C., tras su regreso a Egipto, Cleopatra, temiendo que su hermano-esposo Ptolomeo XIV, que ya contaba con 15 años de edad, quisiera tener más poder del que a ella le convenía, lo envenena y establece a Cesarión como su corregente a la edad de 4 años. El estado en que encontró a su reino fue muy desalentador. Sufría plagas y hambre. Los canales del Nilo habían sido descuidados durante sus dos años de ausencia y esto hizo que las cosechas fueran malas y las inundaciones no fueran bien aprovechadas.


Marco Antonio y Cleopatra, de Lawrence Alma-Tadema
Puerto con el desembarque de Cleopatra en Tarso (1642), de Claudio de Lorena, Museo del Louvre, París
















Marco Antonio era un general y político romano, amigo de Julio César, que había sido comandante jefe en su ejército. A raíz del asesinato de éste, persiguió a los culpables, Marco Bruto y Cayo Casio y además supo enfrentar al pueblo romano contra ellos y ganarse el apoyo y la inclinación de las gentes hacia él. Al surgir otros dos rivales, el 23 de noviembre de 43 a. C., la Lex Titia oficializaba el pacto entre los tres por un período de cinco años: acababa de crearse el Segundo Triunvirato, que reunía a Antonio, Octavio (heredero político designado por Julio César) y Lépido, antiguo jefe de la caballería de César que se pasó al lado de Antonio. Se desencadenó de esta manera una guerra civil entre los partidarios del triunvirato y los seguidores republicanos. Marco Antonio llamó en su ayuda a la reina Cleopatra, para que acudiera con sus naves a Tarso, en la actual Turquía, pero la reina no quería que Egipto entrara en una guerra civil de los romanos y tampoco se fiaba de él. Finalmente cedió a la reunión con la condición de que ésta se desarrollara en su propio barco, considerado donde fuere que estuviese anclado como suelo egipcio. Se encontraron en Tarso en el (41 a. C.). Aunque Egipto estaba al borde del colapso económico, Cleopatra navegó con los remos de plata, las velas púrpuras y todo el lujo al que estaba habituada, hasta se vistió como Afrodita, la diosa del amor. El encuentro duró cuatro días. El resultado de este viaje fue que ambos personajes se enamoraron, que Cleopatra convino en prestarle la ayuda económica que le pedía a cambio de que Antonio ejecutase a su hermana Arsinoe IV, a quien consideraba una continua amenaza, como así se hizo, y que Marco Antonio decidió quedarse en Egipto al lado de Cleopatra. La pareja pasó junta en Egipto el invierno de 41-40 a. C. disfrutando de los máximos lujos y fiestas continuas. Pero los asuntos de Roma llamaban al general y en el año 40 a. C. tuvo que regresar a la capital del Imperio. Allí cumplió con la promesa de casarse con Octavia, hermana de Cayo Julio César Octavio Augusto, el futuro primer emperador de Roma y sobrino nieto de Julio César. Octavio (que así se le llamaba entonces) era gran amigo de Marco Antonio, aunque con el tiempo y los acontecimientos, esta amistad se vio truncada.
Tras la marcha de Marco Antonio a Roma, Cleopatra dio a luz dos niños gemelos, Cleopatra Selene II y Alejandro Helios. No volvieron a encontrarse hasta cuatro años después. Él regresó a Egipto en otoño del 37 a. C., durante el curso de una campaña contra los partos, y contrajo matrimonio con Cleopatra (sin repudiar a Octavia). Marco Antonio cedió a su esposa Chipre, Fenicia y Creta, y Egipto volvió a tener una extensión similar a la de los tiempos de los primeros Ptolomeos. Tuvieron otro hijo (Ptolomeo Filadelfo), llevaron juntos una vida de lujo y derroche, y nombraron a sus vástagos herederos de varios Estados satélites como Armenia y Cirene (34 a. C.).
Cleopatra, por Giovanni Battista Tiepolo.
La relación entre Octavio y Marco Antonio había ido empeorando progresivamente y a partir del año 37 el primero ya consideraba al segundo un enemigo, contra el que empleó la propaganda ante el pueblo y el Senado de Roma, presentándole como un títere en manos de la reina de Egipto y en detrimento de los intereses de Roma. Frente a esta imagen negativa de un Marco Antonio indolente, dado a los placeres mundanos en la porción más rica del Imperio y sometido a la voluntad y caprichos de una soberana extranjera, Octavio contraponía la suya: el gobernante sacrificado y trabajador que trataba de superar las circunstancias adversas con esfuerzo y determinación. Virtudes éstas muy apreciadas por el pueblo romano y que él supo difundir hábilmente para crear un estado de opinión favorable a sus propósitos, al tiempo que aumentaba el odio a Cleopatra y la indignación por el comportamiento de Antonio.
Al terminar la vigencia del triunvirato, que en el 38 a. C. habían renovado por cinco años más, esto es hasta el 33 a. C., los dos rivales se lanzaron acusaciones mutuas en el Senado. Marco Antonio repudió a Octavia. Octavio violó y expuso el testamento secreto que aquel había depositado en el templo de las vestales, corroborando así sus argumentos. Se supo por el mencionado documento que además de haber otorgado posesiones romanas a la reina egipcia, Antonio pretendía trasladar la capital de Roma a Alejandría y fundar allá una nueva dinastía. A ello se añadieron después multitud de graves acusaciones (desde el punto de vista romano) hacia Cleopatra de diversa índole (brujería, incesto, lujuria, adoración de ídolos animales, etc.). Todo esto, pero en especial lo primero, acabó propiciando la definitiva hostilidad de la opinión pública hacia Marco Antonio y su esposa. Y más importante aún, su destitución como triunviro y la declaración de guerra a Egipto (32 a. C.) por parte del Senado.
El ejército de Marco Antonio (tanto terrestre como marítimo), aunque menos disciplinado y entrenado que el de Octavio, era más numeroso. Sin embargo, en la decisiva batalla naval de Accio (2 de septiembre del 31 a. C.), los más maniobrables barcos del general Agripa consiguieron situarse frente a la flotilla de Cleopatra. Ésta huyó entonces presa del pánico, y al darse cuenta Antonio fue detrás de ella abandonando a sus hombres, que al final perdieron la batalla. Esto decantaba la victoria final hacia el bando de Octavio, quien el 30 de julio del año 30 a. C. entraba con facilidad en Alejandría. A continuación, Marco Antonio, engañado por un falso informe sobre la muerte de Cleopatra, se suicidó dejándose caer sobre su propia espada.


Muerte de Cleopatra

La muerte de Cleopatra, por Reginald Arthur.











Los planes de Octavio eran tomar a la reina como prisionera y exhibirla en Roma durante la tradicional ceremonia conocida como Triunfo, simbolizando con ello la superioridad y la victoria sobre la humillada enemiga a la que el pueblo de Roma tanto odiaba. Esto aumentaría más si cabe su respaldo popular e impulsaría decisivamente sus aspiraciones políticas.
Cleopatra se percató del final que la esperaba tras entrevistarse con Octavio, un hombre frío y calculador que a diferencia de César y Antonio no podría seducir o sugestionar de ningún modo. Viendo, pues, su futuro como esclava, tal vez en el reino del que había sido soberana (convertido ahora en la provincia romana de Egipto), Cleopatra eligió morir y tomó la decisión de suicidarse. Según la versión más extendida, pidió a sus criadas Iras y Charmion que le trajeran una cesta con frutas y que metieran dentro una cobra egipcia, responsable de su muerte, a finales de agosto del año 30 a. C. Otras versiones relatan que se quitó la vida al conocer el suicidio de su esposo. Antes de fallecer escribió una misiva a Octavio en la que le comunicaba su deseo de ser enterrada junto a Marco Antonio, y así se hizo. Se desconoce el lugar de su sepultura. Zahi Hawass la ubica en Taposiris Magna, a 30 km de Alejandría, aunque las excavaciones realizadas en junio de 2008 descartaron esta hipótesis.


Los hijos de Cleopatra

Tetradracma de Cleopatra VII, acuñado en Siria.














Después de la batalla de Accio y temiendo lo peor, Cleopatra mandó a su hijo Cesarión lejos de Egipto hacia el sur, con una pequeña fortuna para poder defenderse de sus posibles enemigos, pero fue traicionado por su profesor particular, Rhodon, que lo convenció de que, si regresaba a Alejandría, Octavio le respetaría la vida, pero fue asesinado por orden de este último.
Después de la muerte de Cleopatra, sus otros hijos fueron llevados a Roma y criados por la esposa de Marco Antonio, Octavia (hermana de Octaviano, que después se convertiría en el emperador Augusto).
Cleopatra Selene se casó con el rey Juba II de Mauritania con quien tuvo un hijo al que llamaron Ptolomeo, que heredó el reino de su padre en el año 23 a. C.. Diecisiete años más tarde el emperador Calígula lo mandó matar para anexionarse el reino. De Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo no se sabe bien su paradero, pero se cree que murieron en Roma entre 25 y 20 a. C., aunque también se afirma que se fueron a vivir a Mauritania junto con su hermana.


Cleopatra en el arte y la literatura

Cleopatra en las Terrazas de Philae, de Frederick Arthur Bridgman.












Su vida y su trágica muerte, así como sus amores con los dos personajes romanos, Julio César y Marco Antonio, han servido de inspiración en todas las épocas a literatos, pintores, escultores y cineastas. En total, entre los años 1540 y 1905 se han escrito 200 obras de teatro, cinco óperas y cinco ballets. Las obras literarias más famosas son Cleopatra y Marco Antonio (1606), de William Shakespeare, Todo por amor (1678), del autor teatral inglés John Dryden y César y Cleopatra (1901) de George Bernard Shaw. Incluso uno de los cómics del popular Asterix el galo estaba dedicado a ella: Asterix y Cleopatra.
Han realizado pinturas y esculturas sobre ella artistas como Giambattista Tiepolo y Jean-Baptiste Regnault. Los cineastas Méliès, Joseph L. Mankiewicz y Cecil B. DeMille le han dedicado películas. De Mille rodó su versión con Claudette Colbert en 1934, y Mankiewicz rodó en 1963 la famosa y polémica superproducción Cleopatra, protagonizada por Elizabeth Taylor y con Richard Burton en el papel de Marco Antonio. También en 1972, Charlton Heston dirigió y protagonizó Marco Antonio y Cleopatra. Otra película más moderna, y menos ambiciosa, fue protagonizada por la actriz chilena Leonor Varela.
En 2001, el Museo Británico dedicó una exposición a Cleopatra y hubo un interesante debate sobre su belleza. Según las informaciones más fiables, el atractivo de esta reina radicaba en su cultura, cuidada presencia y modales seductores, con una voz muy agradable, y no en su belleza. Sus rasgos faciales eran más bien imperfectos, con una prominente nariz.